La Valponasca
"Cuando preveía desde la tarde anterior de tener que regresar un poco más tarde de la Iglesia, y había mucho trabajo en el campo [...]. se levantava todavía más temprano que de costumbre y antes de despertar a su hermana iba a la viña para adelantar cuanto más podía del propio deber [...] Su vigor físico y su mismo carácter, además del deseo de hacerse útil, la llevaban con prepotencia a un trabajo varonil" (de la "Cronistoria del Instituto HMA").
El abuelo paterno de María Mazzarello, el 10 de febrero de 1827, había alquilado durante 18 años,para sí, para los hijos y herederos la "Casa de la Valponasca", que era propiedad del marqués Jorge Doria. Domingo Mazzarello murió siendo joven aún, dejando la herencia a los cuatro hijos, tres de los cuales habrían compartido con sus respectivas familias, la casa de los "Mazzarello de acá". Luego, aumentando los miembros de la familia, José Mazzarello, el padre de María, decide ir a vivir a la Valponasca junto con su familia. Esto sucede probablemente hacia el año 1850, después de que fué prorrogado el alquiler de la granja misma. En esta casa María Mazzarello vive los años de la adolescencia y de la juventud. Era una muchacha como tantas; llena de energía, vivaz, inteligente. Aquí en la Valponasca, el ritmo de su vida se modificó. Hasta el momento había sido el brazo derecho de su madre; ahora que su hermanita Felícina se había hecho más grande, ella podía seguir a su padre en el campo.
Trabajo y oración sostenían su juventud. María Mazzarello había encontrado un lugar que era como el punto de apoyo de su intensa jornada entre campos y viñas. En la pequeña casa de la Valponasca, en la parte meridional hay una ventana, desde allí se ve la Iglesia parroquial. María iba todas las mañanas a la Misa, pero por la tarde no podía regresar al pueblo; había conseguido entónces el modo de unirse a todos aquellos que se encontraban en la Iglesia para rezar. Venía aquí, a ésta ventana. Cuando su mamá se dió cuenta de las escapadas vespertinas de María, de común acuerdo con su esposo dispuso que toda la familia se reuniera en la ventana para la oración de la tarde. María Mazzarello había aprendido, sin conocer la palabra, a vivir la contemplación, aquella verdadera, aquella que según el modelo evangélico, se hace cargo de los hermanos. Aquí en la Valponasca María Mazzarello maduró su vocación religiosa aún no sabiendo como habría podido realizarla.
La antigua granjir habitada por Maín (así era llamada familiarmente María Dominga) en los años decisivos de la adolescencia debía pertenecer, como recuerdo precioso, a las Hijas de María Auxiliadora. Fué adquirida con acto notarial del 25 de abril de 1986 y enseguida fué reestructurada según un hábil plano. Se buscó, en efecto, de salvar lo más posible el aspecto original y al mismo tiempo,de convertir el edificio, en idoneo a las visitas de numerosos peregrinos y a las estadías de grupos que, en la oración, en el silencio, y en la reflexión vienen aquí para conocer las raíces de una robusta espiritualidad. En el 1988 los trabajos habían sido concluídos.