El Colegio
"Pasaba un dia por Borgoalto, cuando le pareció de ver de frente una grande casa con toda la apariencia exterior de un colegio de numerosas jovencitas. Se detuvo a mirar llena de estupor y se dijo a sí misma: -¿Qué es esto que estoy viendo? ¡Jamas ha estado aquí este edificio! ¿qué sucede? - Y sintió como una voz: A tí te las confío -. María se alejó rápidamente de ese lugar y procuró de no pensar más en eso; pero sí, aquellas jovencitas estaban siempre allí casi llamándola, especialmente cada vez que tenìa que pasar por aquel lugar" (de la Cronistoria del Instituto de las HMA).
El colegio es la primera Casa-Madre del Instituto de las HMA. Lo hizo construir don Pestarino con la aprobación de don Bosco, como colegio para los muchachos. Era el año 1864, cuando se decide el proyecto. Don Pestarino Lo comentó en la Iglesia para exhortar a los Mornesinos a la construcción del edificio. Mas luego de la prohibición impuesta por la curia de Acqui de destinar el Colegio a los muchachos Don Bosco decide que se convertiría en la casa de las Hijas de María Auxiliadora. El 23 de mayo de 1872 en efecto, se trasladaron allí María Mazzarello y sus compañeras y, el 5 de agosto del mismo año, se convirtieron en Hijas de María Auxiliadora.
Entrando en el patio del Colegio se ve el antiguo portico. Las últimas cuatro arcadas testimonian la ubicación de la primera capilla del Colegio que don Pestarino había dedicado a la Virgen Dolorosa. En este lugar el 5 de agosto de 1872 nació el Instituto de las HMA. En presencia del Obispo de Acqui, de don Bosco de don Pestarino y de otros sacerdotes, 11 novicias, entre las cuales María Mazzarello, hicieron su profesión religiosa. En aquella ocasión, don Bosco dijo: "Vosotras, ahora, perteneceis a una Familia religiosa que es toda de María; sois pocas,desprovistas de medios y no estais sostenidas de la aprobación humana. Nada os turbe. La cosas cambiarán pronto [...].Os puedo asegurar que el Instituto tendrá un gran porvenir, si os manteneis sencillas, pobres, mortificadas" (de la "Cronistoria del Instituto de las HMA").
El altar y la balaustrada son los de la primitiva Capilla del Colegio. En este altar había celebrado por primera vez Don Bosco cuando la capilla misma fue bendecida e inaugurada el 13 de diciembre de 1867. En esta balaustrada, María Mazzarello y sus diez compañeras se habían consagrado a Dios el 5 de agosto de 1872, dando inicio al Instituto de las Hijas de María Auxiliadora
LA CAPILLITA HOY. Fué bendecida e inaugurada el 16 de abril del 1995, día de la Pascua del Señor. La reestructuración fué realizada sobre el plan del Ingeniero Don Inocencio Timossi que mediante la linearidad arquitectónica, supo hacer surgir los rasgos fundamentales de la espiritualidad de Santa María Mazzarello. En el presbiterio, realizado utilizando mármoles, pequeñas columnas, pedacitos del mosaico de la Capilla precedente, característico es el sagrario-cruz, el cual constituyen un único bloque. En el centro del pequeño abside, la estatua de María Auxiliadora. No se puede separar la Eucaristía de la devoción a María. La Iglesia nace en Pentecostés y María está en el cenáculo con los Apóstoles. Los vitrales, realizados por el artesano Franco Cristiani sobre el modelo del pintor Nino Marabotto , hablan del "Espíritu de Mornés" vivído en los momentos de la vida de santa María Mazzarello.
EL CUARTO DE MADRE MAZZARELLO. Madre Mazzarello ocupó el cuarto desde el 1872 al 1879. Pequeña y esencial, nos habla todavía de aquellos tiempos cuando, después de haber aprendido a escribir (a los 35 años) se ponía aquí, a escribir a las hermanas que se habían ido a las misiones en América Latina. Su gran corazón no se dejaba encerrar por los limites espaciales de su cuarto y desde aquí alimentaba el deseo de ser también ella misionera. María Mazarello no fué a la misión. Fué, en cambio, llamada a dejar ésta casa y su pueblo para ir a Nizza, nueva sede de la Casa Madre.
EL POZO. Hoy reestructurado, daba agua a la primera comunidad de HMA. Se ha convertido en el símbolo de la pobreza de los primeros tiempos: una pobreza real en la cual faltaba incluso lo necesario, pero vivida y sostenida por la radicalidad evangélica.